El ladrón de Rosín

El ladrón de Rosín es un cuento de Adriana Ayala pensado para representación teatral.


De noche. Calle desierta iluminada por una farola y la luna llena. Sólo se observa un hombre bien parecido, vestido de traje y sombrero de copa. El resto del escenario, en plena oscuridad. 

LADRÓN.— ¡Qué desdichado soy! Begoña, mi amada, fue serena y firme: ¿o dejo mi vocación de Robin Hood o me olvido de ella para siempre? ¡Para siempre! ¡Quién diría que cedería mi suerte a una mujer! Yo, el gran ladrón de Rosín, el hombre más entero, valiente, ingobernable, rendido ante los encantos de una dama, pero qué clase de dama, ninguna como ella en toda la historia de la humanidad. Begoña… de labios granada, de ojos cielo, de manos elegantes, de cabellos de oro, de facciones delicadas, de cuerpo de Afrodita. Begoña, mi amada; Begoña, heme aquí, hablándole a la noche silenciosa sobre el gran amor que te profeso, en lugar de estar planeando el siguiente atraco como buen villano que soy… era. Ahora la duda me mata, me hace considerar no seguir siendo lo único que sé hacer. Luna, te confieso a ti que me escuchas plena y sin parpadear, que muero de amor, y si he de renunciar a las malas mañas que me han venido de pobre a rico, pues que así sea. Ante tu rostro platinado y radiante, juro que jamás volveré a robar ni siquiera una sonrisa o un beso a damisela en peligro. Mañana, en los diarios, no habrá asaltos a hombres honorables ni a mansiones ni a bancos. El ladrón de Rosín…

ESCRITOR.— (Se escuchan sonidos de teclas de máquina de escribir). Seguirá siendo el ladrón de Rosín. 

LADRÓN.— (Mirando hacia todas direcciones, desconcertado). ¿Quién anda ahí? (Se ilumina la parte derecha del escenario, sólo lo necesario para dejar ver a un hombre sentado detrás de una máquina de escribir, usa lentes y trae una pipa en la boca).

ESCRITOR.— (Mirando la hoja en la máquina). ¡Qué importa quién soy! (El ladrón camina de un lado a otro buscando de dónde proviene la voz). Tú seguirás siendo el ladrón de Rosín, jamás podrás ser o hacer otra cosa, es tu misión, tu plan maestro de vida, tu vocación, tu destino. Tu único interés y móvil es y seguirá siendo el dinero…

LADRÓN.— ¿Quién eres tú para señalar semejante juicio? Y así con tanto arrobo y seguridad. Habrase visto tanta petulancia en un solo hombre. ¿Acaso, nos conocemos?

ESCRITOR.— Tú dirás: ¡soy tu inventor! Tú haces lo que yo escribo en esta máquina.

LADRÓN.— ¡Eso es imposible! Habrase visto tanto dislate en un solo hombre. (El ladrón, indiferente, al escritor, se dirige a la luna). Estimada, señora luna, le decía, amo a Begoña y dejaré de robar por ella, así sea lo…

ESCRITOR.— ¡No, no, no! Eso sólo si yo lo decido…, pero como no es lo que tengo en mente, eso no sucederá.

LADRÓN.— Si es tan cierto lo que dices, entonces robaré tu máquina y yo escribiré mi destino.

ESCRITOR.— (Pensativo) Me tomas en mal momento, en verdad, como para discutir por eso ahora. Estoy muy cansado, me iré a dormir. Haz lo que gustes…, (en tono de burla) a ver si puedes. (Se estira, deja los lentes sobre la mesa y sale del escenario).

LADRÓN.—  (Se sienta delante de la máquina, empieza a escribir y lee en voz alta). Begoña (aparece una hermosa mujer que comienza a danzar en el escenario embelesada con un anillo) aceptó amorosamente el anillo de diamantes que le ofreció su gentil caballero, libre de todo pasado deshonesto. Asistieron al baile de Palacio. (Aparecen cortinas elegantes y candelabros, que simulan un palacio). La sociedad aristocrática de Rosín no hacía más que hablar de la hermosa pareja (aparecen hombres y mujeres vestidos con sus mejores galas), incluso el Conde Drácula, recién llegado de Transilvania (entra Drácula), envidiaba al caballero por llevar del brazo a tan bella y distinguida dama. Begoña pidió unos minutos a su prometido para ir al tocador… 

(Begoña sale del escenarioEl ladrón deja de escribir y se une al festejo de Palacio con los invitados).

DRÁCULA.— (Se acerca al ladrón). Es usted el caballero más afortunado de todo Rosín. (Antes de que el ladrón pueda contestarle, Drácula se envuelve en su gran capa y desaparece).

LADRÓN.— (Busca a Drácula con la mirada, ¡es tan feliz!, que no le importa que se haya ido. Dibuja una amplia sonrisa y observa el gran baile de Palacio. Pasan varios segundos, varios minutos. La sonrisa cambia a un rostro pensativo. Mira el reloj varias veces. Se acerca a una señorita). Disculpe, ¿el tocador de damas? 

MUJER.— (Se escucha desde lejos, fuera del escenario un grito desgarrador). ¡Aaaaaaaaaay! 

(Aparecen varios hombres con el cuerpo sin vida de Begoña. En el cuello de ella se observan dos puntos rojos. El ladrón, abatido, la toma en sus brazos y se desploma en el suelo. Observa hacia donde está la máquina de escribir: sentado con la pipa en la boca, está el escritor).

ESCRITOR.— (Tecleando en la máquina) Al sentirse abandonado y desdichado por la muerte de su amada; no le quedará más remedio que olvidar su promesa de conducirse por el camino del bien y retomar su verdadero propósito: ser el ladrón de Rosín.

FIN

Puntuación: 1 de 5.
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4 comentarios en “El ladrón de Rosín”

  1. Muy estimada Adriana: un placer continuar leyéndola. El Ladrón de Rosín es un delicioso cuento-obra teatral. Tiene los elementos indispensables de ambos. Lo he leído con paciencia y deleite. Ojalá y lo presente en algún foro. Su labor es muy importante. Difundámosla y disfrutémosla.
    Dr Francisco Mario García Rodriguez

    1. ¡Hola, Dr. García! ¡Qué gusto leerlo por aquí! Sigo trabajando porque llegue el momento en que pueda compartir mis cuentos de otra manera, mientras eso sucede, gracias por leerlos y compartirme su experiencia de lectura. Bonita noche de domingo.

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