Cayendo de la tentación

En sueños, entro a una tienda de cosméticos, busco un labial de un tono específico. No sé bien cuál, pero sé que debe quedarme bien. Tomo uno, de entre un montón, le quito la tapa, lo observo desde varios ángulos; me gusta, pero siento que en mis labios no se vería igual, además tiene un efecto con brillos y los brillos en los labiales no me gustan. Pregunto a una señorita (aparece con el sólo hecho de necesitarla, estoy dentro de un sueño… ¿o de un anuncio publicitario?) si tiene el mismo color, pero sin brillos. “No, no tengo ese tono sin brillos, pero tengo muchísimos más”. Con un chasquido desaparezco, me voy desilusionada y un poco harta. Cada vez que quiero comprar un labial me pasa lo mismo, jamás encuentro el que busco, no lo hay. Camino dubitativa, con una sensación de ir sobre la nada. ¿Y si busco en otro lugar? Pero si ahí había todos los tonos del mundo. ¡No, no todos! Puede ser que, en otra tienda…, pero ya no estoy segura de querer un labial en ese tono específico que aún no descubro cuál es. De pronto, la nube de la nada sobre la que caminaba se desploma. 

¡Claro! Si yo nunca he usado labiales porque… ¡a mí, no me gustan los labiales!

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